
Deambulo en la penumbra del ocaso;
decrépitos, los árboles desnudos,
se ciernen sobre mí y preguntan mudos
sobre quién soy y dónde van mis pasos.
Camino por sendas al cielo raso;
los cuervos, negros ángeles picudos
me dicen, con sus graznidos agudos
si tengo nombre o destino acaso.
Sus voces irreales, en mi mente
resuenan como el eco en el abismo:
sombras que me siguen en el camino.
Durante mi vagar, constantemente,
pregúntome en silencio, a mí mismo,
cuál es mi identidad y mi destino.
